Marina Marroquí ha estrenado su ponencia «Adolescencia, porno y manadas: como educar para evitarlo» en Benicàssim, y allí estábamos nosotras para aprender y tomar nota de cómo educar en valores, en igualdad y así poder formar una sociedad que no normalice la violencia y sin estereotipos de género. Os lo contamos a continuación.

 

Adolescencia, porno y manadas. Violencia de género

 

Para quien no la conozcáis, Marina Marroquí es educadora social y actualmente preside la Asociación Ilicitana contra la Violencia de Género (AIVIG). Lleva a cabo con adolescentes el taller “El amor no duele”, una dinámica de prevención y detección precoz de la violencia de género. También imparte cursos a profesionales de diferentes ámbitos y es autora del libro «Eso no es amor: 30 retos para trabajar la igualdad». Ella vivió su propio infierno y ahora, totalmente recuperada, expone su pasado porque está convencida de que la visibilización y la educación son las mejores herramientas para eliminar la violencia de género. Como ella misma dice: “Necesito intentar que esta sociedad cambie, que la educación cambie y se conozca ese infierno que está tan oculto dentro de tantas casas”.

 

 

La educación es la base para transformar el mundo en que vivimos, y además de los centros escolares, somos los padres los que tenemos esa gran responsabilidad de educar y formar a nuestros peques que se convertirán en adolescentes y que serán la generación del futuro. Si no tienen la información en casa, les llega por otras vías que distorsionan la realidad. Nos hemos relajado en una parte de la educación y ese vacío lo está ocupando el móvil, las películas, los videojuegos, la música, la publicidad y las redes sociales. Todos estos aspectos están construyendo parte de la personalidad de nuestros hijos e hijas y muchos de los contenidos y la información que les llega, educa de forma muy opuesta en estereotipos según género. Muchos vídeos que visualizan nuestros jóvenes son violaciones sistemáticas de las que ellos no son conscientes y por eso se cuestiona a la víctima y existe un nuevo concepto de violador, además del efecto de imitación que ocasionan.

Socialmente ha cambiado el concepto de sexo porque nuestros jóvenes se están formando con la pornografía que les llega por los diferentes medios citados anteriormente, y aquí tenemos un papel muy importante las familias; debemos meditar sobre qué tipo de información les damos los adultos y en qué momento lo hacemos. Debe hacernos reflexionar el hecho de que los inicios sexuales se estén dando en los 13-14 años y que desde casa no se les hable de preservativos hasta los 16-18.

Los principales problemas que tiene la educación a través de la pornografía es la separación afectivo-sexual, la sexualidad como parte del ocio, la normalización de la violencia como relaciones sexuales, el aumento de enfermedades de transmisión sexual, la imposibilidad de identificar coacciones o chantajes sexuales y problemas de trastornos sexuales en adolescentes.

Conforme a los tiempos en que vivimos y el ritmo al que avanza, la tecnología no se puede ni se debe parar, pero debernos concienciarnos en que sí se puede preparar. Creemos que con una buena preparación se puede reducir significativamente a medio largo-plazo los casos de violencia de género.

 

Y debemos hablar con nuestros adolescentes. Mucho.

 

Desde aquí queremos agradecer al Ayuntamiento de Benicàssim su apuesta por la educación de las familias, especialmente con ponentes con la trayectoria y el prestigio de Marina Marroquí. Para acabar, nos quedamos con su frase:

 

«Cuando la sociedad deje de ser machista, el agresor ya no tendrá cómo justificar sus actos»