Me consta que mi adolescente no es la única que ha abandonado la lectura por placer. Hablando con Judith, de Genios Lectores, sobre lo mucho que mi hija leía cuando era pequeña y lo nada que lee desde hace ya un tiempo, ella me decía lo común que es esto a estas edades, así que se nos ocurrió hablar sobre ello aquí, por si estáis en esta misma situación y, como a mí, se os llevan los demonios con el tema, jeje. Espero que os guste y os ayude 😉

Mi hijo era muy buen lector pero ahora, ya no lee nada, ¿os suena? Seguramente sí, porque es muy común: introducir a los niños en la lectura es una tarea relativamente sencilla. A los peques les encanta escuchar cuentos, mirar las ilustraciones y suelen tener predisposición para aprender a leer. El problema viene en la preadolescencia, hasta los más lectores se alejan de los libros. ¿Qué pasa en esa época? ¿Es temporal? ¿Qué podemos hacer como padres-educadores para mejorar la situación? En el post de hoy voy a tratar de responder todas estas preguntas.

¿Por qué se produce un parón lector en la adolescencia?

  • El cambio de tiempos. Cuando los niños son pequeños, somos nosotras (las familias) las que nos encargamos de gestionar su agenda. Tenemos en cuenta que nuestros peques tengan tiempo suficiente para realizar las tareas escolares, para asistir a las extraescolares y somos conscientes de la importancia de destinar unas horas al día para descansar. En cambio, en la adolescencia los niños tienen más libertad de elección, empiezan a responsabilizarse de sus actividades y, por ende, es más difícil que tengan tiempo suficiente para destinarlo a la lectura. El hecho de que gestionen el tiempo por sí mismos, a pesar de que al principio no se organicen del todo bien, es muy provechoso para su desarrollo: crecer es ganar responsabilidades y aprender a lidiar con ellas.
  • El mundo emocional. La adolescencia es una época en la que se producen muchísimos cambios hormonales, entre los que destaca un mayor interés por las relaciones afectivas y sexuales. Este interés no debe entenderse, únicamente, como curiosidad, sino también como cambio de actitud. Los jóvenes están más preocupados por encajar en el grupo social, por gustarles a los demás. Para conseguirlo, evitarán realizar las actividades que el resto de sus compañeros no hacen. Y, seamos sinceros, la lectura no está de moda, ni entre los jóvenes, ni entre los adultos.
  • La capacidad de concentración. La lectura es una actividad que requiere mucha concentración y se considera que, de media, los adolescentes pueden estar concentrados un periodo de 20 minutos seguidos. Estos minutos, hoy en día, se ven reducidos por el acceso a las redes sociales y a internet. Los adolescentes acostumbran a estar cerca del móvil cuando realizan cualquier actividad y las notificaciones de las redes les despistan. 

¿Es temporal el parón lector adolescente?

Depende. Si vuestro peque era muy lector y ahora que ha crecido ignora los libros es muy posible que se reenganche a la lectura cuando la adolescencia haya pasado. Probablemente, el distanciamiento se deba a los cambios que comentaba en el apartado anterior, propios de la edad y que, insisto, son enriquecedores para el desarrollo. Pero también cabe la posibilidad de que no, de que vuestro hijo fuera un gran lector de pequeño y de mayor no lo sea. La lectura es un gusto y hay gustos que cambian con la edad.

¿Qué podemos hacer como educadores para que los adolescentes retomen el hábito lector?

  • Los influencers son nuestros amigos. Soy consciente de que este consejo le va a chocar a mucha gente, pero estoy a favor de los libros de influencers (por una buena causa). Ya he comentado, al principio de este artículo, que los jóvenes quieren encajar en el grupo. Las redes sociales se utilizan como herramienta de comunicación, pero también de inspiración. Los libros de influencers, aunque a nivel literario no sean una maravilla, sí que son una buena opción para animar y potenciar la lectura: el libro de Laura Escanes les va a llamar más la atención que el de Federico García Lorca y eso, se puede aprovechar.
  • Los Booktubers también son nuestros amigos. En YouTube hay un montón de jóvenes que hablan sobre libros: los hay más formales, con mucho conocimiento literario y los hay que son aficionados. Lo interesante, en el fondo, no es que los adolescentes aprendan a analizar la obra de Mercè Rodoreda, por maravillosa que sea. Sino que tengan la curiosidad y el interés de leer un libro. Os dejo por aquí el nombre de algunos Booktubers que pueden serviros de referencia: La prestatgeria, Trotalibros, Raquel Bookish o Iryna Zubkova.
  • La lectura, un tema de debate. Para potenciar el hábito lector es importante que la lectura forme parte de nuestro día a día de la forma más cotidiana: ¡hablando de ella! Cread debates sobre las lecturas que estáis leyendo vosotros, comentad qué aspectos estáis disfrutando, cuáles no. Estad al tanto de los libros juveniles de moda y sacadlos a pasear entre el primer y el segundo plato al medio día.
  • Obligar está prohibido. No obliguéis a vuestro hijo a leer. La lectura, como comentaba antes, es un gusto. Un gusto con muchos beneficios, sí, pero un gusto. Si imponemos la lectura, deja de ser un placer para convertirse en un deber. Con esa actitud no fomentamos la lectura, hacemos que los adolescentes tengan connotaciones negativas hacia ella.
  • Cuidado con los prejuicios. Cuando pensamos en leer, automáticamente nos viene a la mente la novela. Pero leer, no solo se leen las obras de ficción, también se leen las revistas, los artículos de internet, los cómics… ¡Ofreced alternativas a la narrativa!

Mucho ánimo con vuestros adolescentes, es una época preciosa pero también muy dura, llena de cambios. Qué la lectura se convierta en un viaje, en un vehículo para sobrellevar toda la carga y no en un suplicio.  Encontremos alternativas para potenciar el hábito sin caer en los errores de la pedagogía tradicional.

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